TIMÓN
(Según Diógenes Laercio)
1. Apolónides de Nicea, que floreció antes de nosotros, en el libro I de sus Comentarios a las Sátiras, obra que dedicó a Tiberio César, dice que Timón tuvo por padre a Timarco, y que fue natural de Fliasia. Que habiendo quedado huérfano todavía muy joven, se dio a la danza; pero después, condenado este ejercicio, se fue a Megara a estar con Estilpón. Que habiendo vivido tiempo con él regresó a la patria y se casó. Pasó después con su mujer a ver a Pirrón, que estaba en Elide y habitó allí hasta tener hijos. Al mayor de ellos lo llamó Janto, le enseñó medicina, y fue su sucesor en su instituto y vida. Timón era elocuentísimo, según afirma Soción en el libro IX; pero no teniendo de qué mantenerse, partió al Helesponto y a Propóntide; y ejercitando la filosofía y oratoria en Calcedonia, fue muy celebrado. De allí, habiendo acopiado un buen viático, se retiró a Atenas, donde se mantuvo hasta su muerte, fuera de un poco de tiempo que estuvo en Tebas.
2. Fue conocido y estimado del rey Antígono y de Tolomeo Filadelfo, según atestigua él mismo en sus Yambos. Antígono dice que fue muy dado a la bebida y poco aplicado a la filosofía, pues escribió Poemas, Versos, Tragedias, Sátiras, treinta dramas cómicos, sesenta trágicos, Sátiras también, y varias obscenidades. Andan además escritos suyos en prosa hasta veinte mil versículos, de los cuales hace memoria Antígono Caristio, que escribió su Vida. Los libros de Sátiras son tres, en los cuales, como escéptico que era, vierte mordacidades y sales contra todos los dogmáticos, trovándoles sus dichos. El primero de estos libros es una explicación que da él mismo. El segundo y tercero van en forma de diálogo, en el cual parece que Jenófanes Colofonio pregunta de cada cosa, y él mismo se responde. En el segundo trata de los más antiguos; y en el tercero, de los que vinieron después, por cuya razón algunos lo intitularon Epílogo. El primero viene a contener lo mismo, excepto que su poesía es de una persona sola, y su principio éste:
Venid aquí, sofistas inoportunos,
escudriñando siempre vanidades, etc.
3. Murió Timón cercano a los noventa años como dicen Antígono y Soción en el libro II. Yo he oído decir que fue tuerto, y es verosímil pues aun él mismo se llamaba Cíclope. Hubo otro Timón que fue misántropo. Nuestro filósofo fue muy aficionado a los jardines y a la soledad, como dice Antígono. Es fama que Jerónimo Peripatético dijo de él: Como entre los escitas disparan flechas, tanto los que huyen como los que los siguen, así entre los filósofos unos cazan los discípulos siguiendo y otros huyendo, como Timón.» Era muy agudo de ingenio para hacer burla de otros; muy aplicado a escribir, y diestrísimo en inventar tramas fabulosas para los poetas, y no menos en comprender tragedias. Fueron sujetos de ellas aun Alejandro y Homero. Si le estorbaban o interrumpían las criadas o perros, nada decía, no cuidándose de otra cosa que de la soledad.
4. Dicen que habiéndole preguntado Arato cómo se podrían conseguir íntegras y sin errores las obras de Homero, respondió que solicitando ejemplares antiguos, y no los ya enmendados. Tenía sus escritos poéticos tumultuariamente y sin orden, y aun corroídos en algunos lugares, de manera que como una vez leyese algo de ellos al orador Zopito, y pasase sin advertir algunas hojas juntas hasta más de la mitad, siguió leyendo sin advertir el hecho de la narrativa: tan indiferente era en las cosas. Ello es, en efecto, que su serenidad llegaba a punto de no hacer caso aun de lo más importante. Cuéntase que habiendo visto a Arcesilao que andaba entre charlatanes y aduladores, le dijo: «¿A qué vienes tú aquí donde estamos los hombres libres?» Contra los que juzgaban de las cosas por los sentidos, concordándolos con la mente, solía decir a menudo: «Juntos van Atagas y Numenio.»
5. Acostumbraba también chancearse así: a uno que de todo se admiraba, le dijo: «¿Y por qué no te admiras de que siendo tres aquí, sólo tenemos cuatro ojos?» Es el caso que él y su discípulo Dioscórides eran tuertos, y aquel a quien le dijo era sano de ojos. Preguntado una vez por Arcesilao por qué había vuelto a Tebas, respondió: «Para reír de vosotros al veros tan anchos y extendidos.» No obstante, a Arcesilao, a quien había tocado en sus Sátiras, lo celebró en el libro intitulado Arcesilao, De las cenas.
6. Timón no tuvo sucesor en la secta, como dice Menodoto, y quedó abandonada, hasta que la restauró Tolomeo de Cirene. Según escriben Hipoboto y Soción, fueron discípulos suyos Dioscórides de Chipre, Nicoloco de Rodas, Eufranor de Selcucia y Praulo de Tróade. Éste, dice el historiador Filarco, fue de ánimo tan constante que sufrió suplicio corno traidor a la patria, sin hablar una sola palabra a los ciudadanos en su abono.
7. Eufranor tuvo por discípulo a Eubulo
Alejandrino; de éste lo fue Tolomeo, y de Tolomeo lo fueron Sarpedón y Heráclides.
A Herácelides oyó Enesidemo Gnosio, el cual escribió ocho libros acerca de
los Raciocinios pirrónicos. De Enesidemo fue discípulo Zeuxipo Polites; de
éste lo fue Zeuxis el apellidado Goniopo;
de éste, Antíoco Laodice no, natural de Lico. De éste fueron discípulos
Menodoto Nicomediense, Médico Empírico y Tiodas Laodiceno. De Menodoto lo
fue Herodoto, hijo de Arico de Tarso; de Herodoto, Sexto Empírico, autor de
los diez libros acerca de los escépticos y de otras obras excelentes. Y de
Sexto fue discípulo Saturnino Citenas, también empírico.